Mucho más que una hora menos

El debate en torno a si la productividad laboral será mayor con una jornada continua de nueve a cinco, como cantaba Dolly Parton, es una batalla perdida de antemano. De nada sirve plantear la inclusión de determinadas medidas que abogan por la conciliación y la ‘corresponsabilidad’ cuando este tipo de prácticas no se estilan entre los empleadores. Y no seré yo quien culpe al empresariado de este problema, que ya bastante tienen ellos con ser responsables de otras muchas barbaridades. Pero no ésta. Este asunto es un problema cultural. Y digo problema porque plantearse a estas alturas de la segunda década del siglo XXI un debate nacional acerca de la necesidad o no de retrasar una hora el reloj en la península y de implantar por sistema la jornada continua deja bien a las claras cuál es nuestra actitud ante el trabajo. Como sociedad, como país, como individuos y como-se-quiera-que-sea.

En mitad de una crisis galopante, medio saliendo de una recesión, con seis millones de parados, un déficit que ronda el 99% del PIB y para qué seguir contando, resulta que ahora lo que hay que hacer es conciliar y madrugar. ¡Ja! Por desgracia, como decía al principio, este debate es estéril. Considero más necesario un cambio de mentalidad en torno a lo que supone por definición un trabajo. Una ocupación retribuida. Mi tiempo por tu dinero. Deberíamos ocuparnos en mentalizar a más de uno en que tener asalariados a su cargo no le otorga el derecho de controlar a su antojo el tiempo de estas personas bajo la amenaza del despido inminente. Que antes de conciliar deberíamos concienciar. Que no se puede tener contratada -cuando se la contrata- a una persona a media jornada, pero que si no trabaja, al menos ocho horas, al día siguiente está en la calle.

Todas estas prácticas. Al igual que el cafelito de las diez, el de las once y el pincho de tortilla y caña de mediodía no son serias. La solución no está en atrasar las manecillas, sino en desterrar de nuestro sistema productivo todas las prácticas atrasadas que nos impiden crecer. Como país, como individuos y como profesionales. Existen multitud de trabajos que se pueden realizar entre las siete de la mañana y las tres de la tarde. Señores: eso es una jornada completa. Salir, comer en casa con tu familia y disponer del resto del día libre. ¿Quién se atreve?

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